Un nuevo escándalo de corrupción golpeó el corazón del mundo del deporte tan sólo unos días antes de que las autoridades de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) eligieran a su nuevo presidente. Una autoridad vaticana ha destacado la importancia de que distintos sectores de la sociedad ayuden a fomentar un “fútbol limpio”.

En la madrugada del miércoles 27 de junio, la Policía Suiza detuvo a siete altos responsables de la FIFA, órgano que gobierna las federaciones de fútbol en todo el mundo.

Los detenidos han sido acusados de recibir sobornos  y comisiones de representantes de medios y firmas de promoción deportivas por más de cien millones de dólares, según informó el Ministerio de Suiza. A cambio, los que ofrecían los pagos recibían derechos mediáticos y de publicidad en conexión con torneos de fútbol en América Latina.

La autoridad suiza lleva el caso de la mano de la Fiscalía de Nueva York (Estados Unidos).

A pesar del escándalo, que motivó que la Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas (UEFA) solicitara que sean aplazadas las elecciones, estas se realizaron. Joseph Blatter, ganador de la contienda, se mantiene así por quinto periodo consecutivo como presidente de la FIFA.

El Vaticano, desde hace un tiempo, sigue con especial atención el mundo del deporte, desarrollando iniciativas que subrayan aún más la importancia que tiene para adolescentes y jóvenes, así como para los adultos. Por ello, no es ajeno a todo lo que acontece en este ámbito.

En declaraciones para ACI Prensa, el Subsecretario del Pontificio Consejo de la Cultura y Director de la sección Cultura y Deporte, Mons. Melchor Sánchez de Toca, se preguntó: “¿Hay quien que sorprende de esta noticia?”. “Cada año por estas fechas hay un nuevo escándalo de corrupción que viene del mundo del deporte, del fútbol o de otros. Son los grandes males que afligen al deporte”.

Mons. Sánchez de Toca recordó que otras veces se ha producido también “corrupción, violencia en los estadios con incluso víctimas, dopaje de los deportistas, partidos amañados, mercantilización del deporte, abusos a menores en los vestuarios…”.

La autoridad vaticana destacó que “el deporte es la expresión de lo más noble que hay en el hombre y al mismo tiempo de su degeneración” y “como la degeneración de todas las cosas buenas, esto también presenta su peor lado”.

“Creo que es evidente que el mundo del deporte solo no es capaz de superar esos problemas, sino que hacen falta alianzas entre los distintos sectores de la sociedad”. Por ejemplo “en Italia existe una red de 7 mil oratorios en las parroquias que son auténticas escuelas de un fútbol limpio”, subrayó.

Hace pocas semanas el Papa Francisco habló precisamente de la aportación del deporte a la sociedad. Al recibir a dirigentes y atletas de la sociedad deportiva del Lazio (zona sur de Roma) el 7 de junio pasado, afirmó que “en realidad, el verdadero deporte favorece la construcción de un mundo más fraterno y solidario, contribuyendo a la superación de situaciones de injusticia y de un malestar humano y social”.

“Gracias a Dios tenemos los ejemplos buenos de hombres y mujeres deportistas, también grandes campeones, que no han dejado nunca de vivir la fe y el servicio al prójimo”, añadió el Papa en esa ocasión.

El Santo Padre también ha alertado a menudo de la tentación de caer en la corrupción. Muchos recordarán lo que manifestó en octubre de 2014 en una audiencia con juristas de varias partes del mundo: “la corrupción es un mal más grande que el pecado. Más que perdonado, este mal debe ser curado”. Además, denunció que en la actualidad “la corrupción se volvió natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las licitaciones públicas, en toda negociación que involucra agentes del Estado”.

Sobre el mal de la corrupción volvió a hablar Francisco el 25 de mayo de este año en la homilía de la Misa matutina en la Casa Santa Marta. “El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo”.

“Hay un misterio en la posesión de las riquezas”, agregó. Y esto sucede porque “las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y de hacernos creer que estamos en un paraíso terrenal”.

Para terminar, expuso cuáles son las consecuencias y qué debe hacer una persona a la que Dios le da riquezas: “el apego a las riquezas nos da tristeza y nos hace estériles. Digo ‘apego’, no digo ‘administrar bien las riquezas’, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor a una persona se las da es para que las utilice para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las encierre en su corazón, que después con esto se vuelve corrupto y triste”.

Fuente: Aciprensa